miércoles, 21 de octubre de 2009

Ella...



Nunca tuvimos una relación demasiado allegada, aunque lo diste todo por mí.
Desde muy pequeña te obligaron a realizar tareas que no te convenían, tuviste que madurar antes de tiempo, perdiendo así parte de tu infancia y toda tu juventud y libertad.
Sé que trabajaste muy duro durante toda tu vida, no solo físicamente, sino tambien mentalmente para intentar comprender por qué tu propia familia te dejó de lado por casarte con el hombre al que amabas y quién sentía devoción por tí.
Nunca he sido una buena hija, pero tampoco fuiste una madre ejemplar.
Ahora, cuándo he conocido, o al menos eso creo, toda la historia de tu vida antes de que yo apareciera en este injusto mundo y tengo más uso de razón, creo comprenderte, aunque ambas sabemos que es tarde ya...
Quiero que sepas, que pese a todo lo que hemos vivido, todas las peleas, enfados y portazos, te quise, te quiero.
Nunca más vas a ponerme vinagre cuándo me queme con el sol, ni me vas a regañar por vestir como visto o por fumar, ni me vas a dar ese remedio casero que tanto te gustaba preparar para el resfriado, ni me vas a arropar por la noche, ni vas a correr detrás mia con el vaso con el zumo de naranja recién exprimido para que me lo tome antes de que se le vaya la vitamina, ni me vas a comprar a hurtadillas de papa cualquier tontería que has visto rebajada y que sabes que me encanta...
Aunque intente parecer fuerte e independiente, te necesito, te echo de menos.
Maldigo el día en que tu corazón decició dejar de latir, cuándo el cirujano, que era tu amigo, salió con los ojos borrosos a darnos la noticia. En ese momento no oía nada, veía a la gente, nuestra familia, llorando, pero no les oía, y todo se volvió negro...
Sé que descansas en paz, tu vida ha sido plena. Te quiero. Mama...

No hay comentarios:

Publicar un comentario